El Museo de Bellas Artes de Sevilla ha reunido todos los Valdés Leal, el gran pintor del barroco español. Lo primero que se destierra en esta muestra, que estará abierta hasta el 27 de marzo, es la leyenda que atribuye a Valdés Leal el adjetivo de macabro. Más bien al contrario, su pintura se inclina hacia el esplendor y la arquitectura de los grandes escenarios. La muestra reúne 88 obras. Algunas han llegado de Estados Unidos, otras del Museo del Prado. Desde la National Gallery de Londres han enviado La Inmaculada Concepción con dos donantes, pintada en 1661. Conseguir esta reunión de obras de orígenes tan alejados tiene un mérito sobresaliente en estos tiempos de pandemia.

Valdés Leal (1622-1690) fue un artista total. Dominó el dibujo, el grabado, la pintura, la escultura, la pintura de murales, también la arquitectura. Es un artista total. Lo demuestra en la decoración de la catedral de Sevilla para las ceremonias de canonización de Fernando III el santo. El rastro de su obra se puede seguir por conventos e iglesias de Sevilla: San Clemente, la Hermandad de la Caridad, el Hospital de los Venerables. El video que acompaña este artículo recoge ese itinerario y lo detalla, para quienes quieran seguirlo desde su pantalla.

Valdés Leal desplegó su arte por las dos ciudades en las que vivió: Sevilla y Córdoba. Su arte bebe de las influencias de Velázquez, de Herrera, de Ribera, también de Murillo, fundador de la Academia de Pintura de la que Valdés Leal fue después presidente. La destreza de Valdés Leal era prodigiosa. Era capaz de trazar complejos escenarios arquitectónicos y perspectivas insólitas con apenas unos trazos, a mano alzada, sin perder en ningún momento el punto de vista del espectador.

Valdés Leal es, como recuerdan los curadores de la muestra, el primer pintor barroco que incluye la perspectiva y la escenografía en sus obras. Crea un espacio arquitectónico en el que integra a las figuras, algo que comenzó a hacer después de su viaje a Madrid sobre 1655, cuando conoce el trabajo de Herrera el Mozo y de los hermanos Ricci. Figuras a las que Valdés Leal dota de un dinamismo y una energía triunfal.

Visión teatral, gesto, perspectiva y escenografía, forman una gramática pictórica propia, que ofrece una imagen nueva, más rica y completa del gran pintor del barroco. La muestra reúne todas las facetas creativas de Valdés Leal, y desmiente la idea de que fuera un «pintor de muertos» macabro, el autor de las Postrimerías, los dos lienzos que pintó para la iglesia del Hospital de la Caridad. Las obras causaron tal impacto que desde entonces Valdés Leal ha tenido una etiqueta que solo ahora, en el cuarto centenario de su nacimiento, comienza a diluirse.

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