El rebaño excelente. William Deresiewicz. Editorial Rialp

¿Qué sentido tiene la Universidad? ¿Es el universitario un ser que se debe programar para integrar un ejército de consultor, asesores financieros, para alcanzar una buena posición económica? ¿Termina ahí el trabajo de la Universidad? ¿Hemos olvidado que la institución universitaria tiene la misión de construir a la persona? Estas son algunas de las preguntas a las que responde este libro, de inspiración y aroma socrático, y que es una crítica profunda al papel de las universidades de élite.

El rebaño excelente se dirige a la Universidad de élite norteamericana, pero su razonamiento, sus ideas, el sentido de su crítica, se pueden extender a la universidades de occidente, con alguna singular excepción. Es más, se pueden aplicar a los sistemas educativos de países como España, que han seguido la senda de otros modelos y han abandonado el estudio de las humanidades, y de las llamadas Artes liberales. Así que el lector tiene entre manos una reflexión crítica que le resultará familiar en todos sus capítulos.

William Deresiewicz
William Deresiewicz

El autor, William Deresiewicz, es ensayista y crítico literario, ha sido profesor de Lengua en Yale y Columbia, y ocupa una cátedra en Artes liberales en la Universidad de Chicago. El hilo conductor del libro es en parte su propia experiencia. En las primeras líneas de El rebaño excelente explica que «en muchos sentidos, este libro es una carta que envío a mi yo de veinte años. Habla del tipo de cosas que me hubiera gustado que alguien me incitase a pensar cuando iba a la universidad, como, para empezar, qué sentido tenía ser universitario».

Las puertas que se cierran

El ensayo de Deresiewicz comienza con un malestar cuyos síntomas son la depresión, la infelicidad, la ansiedad, y el aturdimiento. Y esto, según el autor, es porque el sistema educativo aspira a producir un determinado tipo de ser humano. Y el tipo al que aspira en este momento es el de un ser de éxito, si entendemos como éxito el alcanzar las cotas más altas de la retribución profesional: un gran sueldo, acompañado de un abultado bonus anual. La educación se traduce en titulitis, y la titulitis no busca la construcción interior de la persona sino una utilidad inmediata que se mide en términos económicos. La Universidad produce así estudiantes inteligentísimos y completamente desnortados. Personas a las que se les dice que pueden ser lo que quieran pero que terminar por elegir entre unos pocos caminos muy similares. Por el camino se pierden las vocaciones, que nacen de un conocerse a si mismo, «un mundo de posibilidades se cierra, y te pierdes aquello para lo que realmente te sientes llamado».

El rebaño excelente
El rebaño excelente

Misión de la Universidad

¿Cómo se ha llegado a esa situación? Para el autor tiene una importancia relevante en esta deriva la aparición de los ránkings de universidades en función del ratio de admisiones. Se desató la locura. Apareció una industria dedicada a conseguir la entrada en las universidades de élite, un servicio de asesores y de preparadores cuya misión consistía en «paquetizar» al alumno para fabricar un producto interesante para las grandes marcas académicas. La Universidad se convirtió en una inversión marcada por el «rendimiento». La cuestión pasó a ser cuánto dinero te va a proporcionar tu paso por la Universidad en relación con el que tendrás que invertir.

La Universidad cambió su misión. Y ese es el centro de la crítica de Deresiewicz: «La idea de que debamos consagrar los primeros cuatro años de nuestra edad adulta a prepararnos exclusivamente como profesionales, descuidando el resto de los aspectos de nuestras vidas es poco menos que una obscenidad. Si eso es lo que forzaron a hacer, es que le han robado. Y si resulta que al final de la Universidad es usted la misma persona que era cuando entró, con las mismas creencias, los mismos valores, los mismos deseos y objetivos, entonces algo hizo mal. Vuelva e inténtelo de nuevo»

La zona central El rebaño excelente es el terreno en el que resulta más interesante. Deresiewicz llega en estos capítulos al corazón del problema. Critica al sistema por inculcar a los estudiantes el miedo al fracaso, que deriva en una aversión al riesgo, y por tanto la incapacidad para inventar la propia vida de cada uno de nosotros: «la vida, escribe, es un largo proceso de aprendizaje sobre cómo deberías haber vivido desde el principio» En ese mismo sentido, critica los mantras del liderazgo. Se dice que las universidades deben crear líderes, pero se ocupan solo de confeccionar un currículum pero no de trabajar la construcción de la mente de los estudiantes. Fabrican líderes que sigan la corriente.

Deresiewicz reserva para el final de El rebaño excelente una crítica radical al papel social de la Universidad de élite en los Estados Unidos: la pervivencia de un privilegio de casta. A Havard, a Yale, a Princeton, solo entran los hijos de la élite, un club que garantiza un sistema de clases y que por tanto rompe los ascensores sociales que son la base un sistema democrático. El resultado, añade, es el bloqueo social, y la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de mediocres excelentes, desde Clinton a Bush, pasando luego a Obama, ese «pragmatista, buscador de consensos que no asume riesgos, como cualquier otro producto del sistema». Pensemos al final del libro en el caso español, en cómo nuestro sistema puede producir dirigentes que han llegado al doctorado por la vía del plagio.

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