Entre los diez consejos más repetidos a los jóvenes fotógrafos está el de la distancia. La calidad de la fotografía es inversamente proporcional a la cercanía con respecto al objeto, o al sujeto. Dicho en palabras de Robert Capa: si tus fotos no son buenas es que no las has tomado lo suficientemente cerca. Para salvar esta distancia se inventó el zoom. Pero los veteranos aconsejan salir a la calle con un solo objetivo. El zoom son los pies.

Klein tiene 91 años, y en sus obras ha practicado esa regla hasta sentir el latido, el calor, el aliento de las personas que retrata. Sus hojas de contacto son una escuela de fotografía. ¿Dónde está la fotografía? ¿Por qué una imagen es descartada y otra, tomada un segundo después, es una composición digna de estar colgada en una retrospectiva de toda su obra? El artista lo explica: sucede algo en el movimiento de los sujetos, un detalle que varía la composición hasta encajar en un relato. Una foto es un artefacto narrativo, cuenta algo, y lo expresa de forma que nada le sobra, nada le falta. Es una frontera sutil, apenas un velo. Cartier Bresson lo llamó «el instante decisivo»

William Klein en Moscú

Un estilo crudo

Klein se echó a las calles de Nueva York con una cámara y un objetivo gran angular. Y se puso cerca, muy cerca, más cerca. En aquellos años un fotógrafo era un ser inofensivo, un voyeur, un mirón. El público no temía las cámaras, era una tecnología inocente, y Klein retrataba las escenas en toda su crudeza: contraste extremo, imágenes granuladas, instantáneas movidas, cortes dramáticos, y la sensación, para el espectador, de estar embutido en la masa que puebla las calles, presente en el breve espacio que dejan entre personas. Luego saltó a Roma, a Madrid, a París, más tarde a Moscú y a Tokio. En todas las capitales el mismo estilo crudo, radical, tragicómico.

Integración de las artes

Su paso por España deja una colección de imágenes ásperas: el público en los toros, un legionario que muestra su pecho de pavo descamisado, desdentados. La calle es su medio. Cuando retrata la moda de la época de los sesenta/setenta, tan lineal, los largos abrigos abotonados en los que flotan modelos esqueléticas, las saca a la calle, entre coches, autobuses, perros y mendigos. El resultado es chocante, quizá incómodo y sin duda divertido. Pero también tuvo la originalidad de rodear a las modelos de espejos, para multiplicar el reflejo hasta el infinito. Dicen que puso patas arriba el arte de la imagen. Nos parece un juicio exagerado. En Klein están otros muchos fotógrafos que le precedieron: Cartier Bresson, o Brassaï. Y es el punto de partida de otros que vinieron después como Antoine d’Agata. En donde radica su gran originalidad es en incorporar elementos de la pintura en la fotografía, en sus fotogramas enmarcados en bandas de colores primarios eléctricos, y en su concepto del cine, la pintura y la fotografía como una única forma de arte.

Su retrospectiva está abierta en el espacio de Telefónica, en su sede de Gran Vía en Madrid

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