Km 123. Andrea Camilleri. Áncora y Delfín. Editorial Destino. 17,50 euros

Entre el género negro y la comedia de enredo, Camilleri abre KM 123 con una sucesión de mensajes de móvil a un teléfono que no contesta. La secuencia mensaje-silencio funciona aquí como el detonante del misterio. Algo ha ocurrido y la ansiedad de Ester va en aumento. Pronto sabremos que el destinatario de esos mensajes ha sufrido un accidente en el Km 123 de la vía Aurelia, cerca de Roma, en una noche lluviosa. El Panda que conducía se ha salido de la carretera, ¿o le han echo salir de la vía?, y el conductor sufre contusiones y la rotura de la mandíbula.

Km123
Km 123 de Camilleri

Es el inicio de una novela construida con los datos elementales. La narración alterna diálogos telefónicos con conversaciones cara a cara, noticias de prensa y mensajes de móvil. Los capítulos son breves y la trama se sucede a ritmo vertiginoso. No hay apenas contexto, no existen descripciones de los personajes más allá de los datos imprescindibles. El lector, acostumbrado por el entorno digital a buscar lo elemental de las narraciones, se encuentra en esta novela en un medio que aprovecha esa circunstancia para construir una narrativa que le atrapa. Así la novela apenas nos ocupa un par de horas, y sin embargo tiene todos los ingredientes del género, y un cierre final que es una vuelta de tuerca, un giro sorprendente.

Menos es más

La trama parte de esos mensajes, destinados a un rico constructor romano, enviados por su amante. En pocos capítulos, trazados de forma esquemática y elemental, se despliega un enredo complejo de amores, infidelidades, fraudes, detectives y policías. Es interesante comprobar cómo esa poda de la prosa, ese recurso a lo elemental, no priva a la narración de eficacia. El lector rellena con su imaginación ese contexto vacío. En la novela se produce esa matemática del arte en la que menos equivale a más.

A las formas narrativas que incorpora Km 123 de Camilleri se deben sumar los informes policiales de la Comisaría de Roma del Corso Trieste, en los que el inspector Attilio Bongioanni se dirige a su director, Constantino Lopez, con una prosa fría, burocrática y racional. Lopez desprecia a su subordinado, sospecha que sus investigaciones son pretextos para ligar con las agentes de investigación, y aparta sus hipótesis con displicencia. Son numerosos los pasajes en los que se adivina la risa de Camilleri, por eso el relato, lleno de engaños, de engañadores engañados, de medias verdades, tiene mucho de comedia.

El género giallo

Camilleri parece rendir homenaje en este texto a los primeros narradores del giallo italiano. En Italia el género no tiene el color negro de España sino el amarillo. La única razón para esta variante es que Mondadori eligió ese color para su primera colección. En un texto que se añade a la edición española de Km 123, Camilleri traza la historia del género en Italia, y recuerda que los primeros escritores que se entregaron al giallo en los años 30 fueron escritores que venían del teatro. Y Camilleri apunta una hipótesis: «la escritura dramatúrgica, por su propia naturaleza, no puede abandonarse a la divagación o a la dilación sobre un detalle marginal, so pena de la caída de la tensión dramática»

El autor cierra el texto, leído en un debate de escritores en la Universidad de Roma, con esas palabras: «hace tiempo que hemos dejado de aspirar a una forma superior. Los mejores escritores de romanzi gialli ya han llegado a esa forma, sea la que sea. La mejor defensa del color amarillo consiste en la propuesta de la abolición, en literatura, de ese color».

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