La frontera. Can Xue. Traducción de Blas Piñero. Hermida editores

Decimos que La aparición de La frontera, de Can Xue, en español es el gran acontecimiento literario de esta temporada porque nos pone frente a una de las grandes autoras de la literatura china contemporánea. La frontera es la primera obra de Can Xue traducida al español, más allá de algún relato aparecido en alguna web de cultura china. Traducción que es obra de Blas Piñero, que merece un capítulo aparte en esta reseña, por múltiples razones. Vamos primero con Can Xue. La primera lectura de esta obra nos dice que estamos ante una escritora que tiene su mundo propio, que narra de una forma diferente a todo lo que hemos leído hasta ahora, y que mira con un ángulo distinto a cualquier otro que hayamos ensayado. La frontera es una obra mágica, irracional, profunda, misteriosa, hipnótica. Es nueva y a la vez antigua, se construye con piezas que están en la Biblia, en la Comedia de Dante, en las obras de Borges o Kafka, en las ensoñaciones de Italo Calvino, o en los relámpagos surrealistas de Garcia Lorca. En todo eso y en la simbología y la tradición de la literatura china. Pero Can Xue es todo eso y a la vez es una narrativa nueva.

Can Xue

La primera impresión que tiene el lector de La frontera cuando se encuentra con la historia de Liu Jin en esta ciudad de frontera llamada Guijarro es que se despliega ante él una narración en un paisaje de niebla, un relato que iguala la realidad y el sueño, que presenta los tiempos en un presente eterno, y que amplia la conciencia de los personajes hasta el latido de lo exterior, la fuerza de los paisajes, de los animales, de los árboles, de la noche, o la nieve. «Desde su más tierna infancia, Liu Jin oía en sus sueños las voces de los animales salvajes, y cada una de ellas, a medida que iba creciendo, le sonaba cada vez más triste y lúgubre».

Pero más allá de esta impresión inicial, La frontera de Can Xue es todo un cosmos de una profunda complejidad, en el que los seres que ha habitan tienen una comunicación de una visión expansiva sin igual. Lo dice la autora en una conversación: “en los lugares más oscuros, en tiempos de peligro, cuando es difícil avanzar, la llamada lejana de la madre naturaleza llega a nuestros oídos impregnando nuestros cuerpos y mentes”. En La Frontera, Guijarro es “un vasto campo magnético. Suceden tantos hechos misteriosos en estas tierras que convierten a este lugar en un poderoso foco de fascinación y por consiguiente de atracción entre las gentes de diferentes lugares”.

El jardín tropical en el cielo

La novela está repleta de animales: gansos, caballos, leopardos de las nieves, cabras, lagartijas, salamandras, y perros. Se inicia con la presentación de Liu Jin, una joven que ha decidido trabajar en el mercado de Guijarro, una ciudad de frontera a la que emigraron sus padres, como en resto de los personajes de la novela, para trabajar en el Instituto de Arquitectura y Diseño, un proyecto megalómano y colosal.

Desde las ventanas del Instituto, todos ven en algún momento un jardín tropical resplandeciente que crece en el aire, “lleno de palmeras, bananos y cocoteros”. Los que todavía no lo han visto quieren encontrarlo. El jardín es todo, es la iluminación y la dicha. A Guijarro llegan gentes de todo el país, pescadores, niños, ancianos, y el africano Ying, uno de los personajes más misteriosos con los que Liu Jin tendrá una relación que ampliará su conciencia de una forma especial. Quizá sea la conciencia, y su capaz de ampliarse y llegar a penetrar otros mundos el tema principal de esta obra mágica y sorprendente.

Todo fluye en la literatura de Can Xue, que alguna vez ha comparado su estilo con la danza de Isadora Duncan: formas que evolucionan hacia lo inesperado. Algunos han calificado esta forma narrativa de irracional, Can Xue prefiere el término de “astucia de la razón”, una razón que se expresa después de una escucha silenciosa para captar sonidos que vienen de tiempos remotos.

En el baile de La Frontera no hay tiempos: los recuerdos se convierten en presente, las personas tienen varias vidas, el diálogo con los difuntos se establece con presencias reales, toda huella es capaz de revivir un tiempo o un instante que se resuelve en un ahora. Todo es ambiguo, poético, hasta el final de la novela, abierto. Todo se transforma en La frontera, en un eterno proceso creativo que afecta a todos los seres (“hay gente que cuando duerme se convierte en otra persona”), y a todas las cosas, y en el que Can Xue nos invita a participar. Su literatura no es fácil. Exige concentración y participación

La traducción

Leer a Can Xue produce el efecto inmediato de una revelación. Uno no había sentido esa conmoción que produce la entrada en un mundo nuevo desde el descubrimiento de la obra narrativa de Cartarescu. Y estoy seguro de que en parte esa impresión tiene que ver con la traducción. Obviamente no tenemos capacidad alguna de juzgar la versión por comparación con su original chino. Pero si podemos juzgar la escritura de Blas Piñero, que es fluida y baila con ligereza esa danza de imágenes y transformaciones que componen esta obra llena de misterio.

Pero hay algo más. Las notas del traductor son en este caso un aparato crítico que funciona como un mapa extendido de la propia obra. Piñero conoce a fondo la literatura china y occidental y conecta detalles con la Comedia, con Joyce, o con Kafka, al tiempo que señala el significado simbólico de los animales, las flores, las plantas o las imágenes y paisajes en la literatura china. Las notas de Piñero son notas diferentes a las que el lector ha leído en otros libros y son una guía imprescindible para situar y comprender lo que Can Xue cuenta. El traductor aquí es algo más, es un autor. El video que acompaña este artículo corresponde a una entrevista con Piñero sobre su tarea como traductor.

La autora

Nació en Changsha, provincia de Hunan, en 1953. Can Xue es el pseudónimo de Deng Xiaohua y significa “la nieve que no se derrite”. El capítulo quince de La Frontera parece una prolongación de ese nombre, porque está dedicado a la nieve.  Sus primeras obras aparecen en la década de 1980, en pleno auge de la literatura experimental y de vanguardia en la China continental. Su obra ha sido traducida al inglés y al alemán, y ha tenido un gran reconocimiento. Rompe con los cánones tradicionales. Su estilo experimental no ha impedido que sea la escritora más traducida, más incluso que Mo Yan antes de recibir el premio Nobel. En 2021, su colección de relatos I Live in the Slums fue nominada al Premio Internacional Booker. Can Xue es también traductora y ha vertido al chino a autores como Kafka y Borges.

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