En Navidad no solo se regalan libros, pero sobre todo se regalan libros. Esos libros que uno ha leído durante el año, y que va asociando a personas: «este para el amante de la ópera; este otro para el que nunca leyó historia, y este para aquella que me dijo que hacía tiempo que no leía una obra literaria para recordar toda la vida». Los libros que uno ha leído durante el año se van depositando en el fondo, en un mosaico compuesto por retratos de personas. A veces uno sabe que va a acertar, sin duda. En otras ocasiones se trata de una apuesta sin riesgos. Vamos con los títulos, en los que hay de todo.

Can Xue

Y la primera es la china Can Xue. La edición de La frontera, por Hermida editores, es un acontecimiento literario, porque nos abre la puerta a una de las autoras más innovadoras y a la vez más clásicas de la literatura mundial. La frontera es una obra hipnótica, en las regiones literarias que están entre el sueño y la realidad. Está llena de referencias a la literatura occidental y a la china. Can Xue viaja por Dante, por Kafka, o por los clásicos de su cultura, en un intento permanente de devolver a la cultura su sentido, un sentido arrasado por el comunismo capitalista chino. La lengua adquiere en Can Xue una dimensión desconocida.

Can Xue

No es una autora fácil de seguir, pero es de esos escritores que tienen un gran premio. En La frontera, se reúnen una serie de personajes que buscan en una remota región, en torno a un centro de investigación, un sueño de libertad. En una entrevista con FANFAN la autora afirma que «siempre hay esperanza en la desesperanza, futuro en donde no hay futuro. Todos los personajes de la novela llegan a ese lugar porque no quieren sucumbir completamente a la desesperanza y «la frontera» les brinda un espacio para poder actuar con plena libertad. Esa actuación libre, esa perfomance que surge con fuerza de la desesperanza que los personajes llevan con ellos se acaba convirtiendo en un proceso bien establecido: el de crear esperanza en sí mismo.«

Cartago

cartago

Entre los libros que pienso regalar en Navidad está la obra de un historiador que hemos descubierto este año, gracias a la editorial Rialp. Cartago relata el nacimiento, auge y caída de un mundo mediterráneo que fue barrido por el poder de Roma. La historia de Cartago, ligada en buena parte a la familia Barca (Amilcar, Aníbal, etc) es una historia fascinante.

En el siglo IX a. C. surge una nueva ciudad en la costa del Mediterráneo, fruto de la expansión marítima desplegada por los navegantes fenicios. Durante casi siete siglos, la ciudad-estado de Cartago crecerá en importancia, rivalizará con la Magna Grecia y con Roma, y alcanzará una gran prosperidad. Dominaron el comercio, rivalizaron con Roma, hasta que el imperio consiguió aplastarlos en tres guerras. Fueron los vencedores de estas guerras los que escribieron la historia y buscaron hundir por siempre el prestigio de los cartagineses. La obra de Vilmont desmonta algunos mitos y leyendas y nos ofrece un relato muy vivo de las campañas militares de Aníbal, un genio de la estrategia.

Dante

dante
Dante, de Alessando Barbero

La de Barbero, editada en España por Acantilado, es una biografía de Dante excelente, rigurosa, con un aparato crítico que no ralentiza el viaje, con un estilo de obra abierta que deja vivo el enigma Dante, bien narrada, con sus pequeñas dosis de humor y su perplejidad ante la vida novelesca del gran poeta italiano.

El Dante de Barbero aparece en español para conmemorar el 700 aniversario de la muerte de Durante Alighieri (más conocido como Dante), hijo de una familia de prestamistas florentinos, víctima de la mala fortuna de sus afanes políticos, y un gran asesor de comunicación política de aquella Italia de inicios del siglo XIV, en la que era más difícil moverse que en la España actual.

No hay detalle que escape al escrutinio de Barbero, no hay aspecto, económico, social, político, que no entre en su campo de visión, y por eso, Dante es algo más que una biografía del autor de la Comedia, de Vita nuova, de Convivio, de Vulgari eloquencia, de Monarquía.

Kristof

Agota Kristof

Sandor vive en Suiza. Es un emigrante. Ha huido de la Hungría comunista. Como Agota Kirstof. A veces le llaman del juzgado para hacer de traductor para sus compatriotas. Recuerda su lengua materna, constata las desgracias ajenas, y tan solo las anota, sin más reacción, como si su alma estuviera anestesiada, incapaz ya de sentir. Desgracias que a menudo son muertes. Cuando un camarero le hace notar que llevan varios entierros en su comunidad, Sándor le contesta: «cada uno se divierte como puede». Un personaje mucho más radical que el protagonista de El extranjero de Camus.

El Sándor de Ayer escribe, sobre todo para sacar las frases que dan vueltas en su cabeza, consciente de que «la escritura me destruirá». La novela avanza con una prosa hipnótica, hasta que estalla en párrafos de una oscura poesía: «El tiempo se desgarra. ¿Dónde encontrar los descampados de la infancia? ¿Los soles elípticos paralizados en el espacio negro? ¿Dónde encontrar el camino volcado hacia el vacío? Las estaciones han perdido su significado. Mañana, ayer, ¿qué significan esas palabras? Sólo existe el presente»

La sal de la tierra

La sal de la tierra

Wittlin planeó la obra como una trilogía, pero el destino le impidió terminarla. El escritor polaco pasó de combatir en la Gran Guerra a sufrir la invasión nazi. Se refugió primero en Francia y más tarde en Estados Unidos, después de cruzar la España de Franco, de la que tuvo que salir huyendo, como cuenta su hija en De un día para otro, unas memorias que relatan la peripecia de este escritor que fue candidato al Nobel y que murió en los Estados Unidos. La edición de Minúscula incorpora Muerte sana, un fragmento de la segunda parte de la trilogía, el único que se conserva. La empresa de Wittlin naufragó por la pérdida de los manuscritos que completaban una obra para la que tenía título: Novela sobre el paciente soldado de infantería.

Ese soldado de infantería es Piotr NiewiadomskiLa sal de la tierra comienza con un prologo en el que se narra el momento en el que el emperador Francisco José I firma el decreto de guerra. Wittlin se recrea en ese acto moroso en el que el emperador pregunta cuántas divisiones tiene: 38, le responden. La firma activa su sangre, su corazón bombea por un instante con más fuerza. El decreto pone en marcha la gran maquinaria de la guerra. Dos generaciones de europeos habían vivido en paz. La última guerra, la franco-prusiana, se había detenido en 1871.

Un viaje por la Raya

viaje por la Raya

Estamos ante uno de los grandes libros de viaje. El de viaje es un género difícil, solo al alcance de escritores que saben ver, tienen paciencia, suspenden los juicios de valor, no se conforman con la primera versión y saben encontrar valor donde otros solo ven lo cotidiano banal. El escritor de viajes tiene que entrar en las cocinas, debe conocer la historia para leerla en el presente, y debe pegar la hebra con el caño de la fuente para ir recogiendo los pequeños trozos de oro que el turista no ve. 

El viaje por la Raya nos descubre no un mundo sino muchos mundos, que están ahí cerca, en una de las regiones menos conocidas de nuestro entorno próximo. Es más, del relato que hace Alonso de la Torre, uno deduce que algunas comarcas de la Raya las conocen mejor los alemanes y sobre todo los británicos que nosotros, españoles.

La Raya no es una frontera. Lo define bien César Rina en el epílogo cuando precisa que «a diferencia de la frontera, la Raya no es muro ni barrera, sino espacio de experiencias y contactos». La frontera se trazó en el siglo XIII. Es la más antigua de Europa. Se reviso en la segunda mitad del siglo XIX, para corregir algunas líneas difusas que habían dejado en el limbo a algunos pueblos que funcionaron durante siglos con reglas propias, identidades electivas y al margen del poder de Madrid y de Lisboa. Eso era la frontera, porque la Raya es esa región donde las lenguas se mezclan, los hombres y mujeres se casan y se cruzan sin preguntar por el pasaporte. La Raya fue la economía del contrabando antes de la Unión Europea, y el refugio, a uno y otro lado, cuando llegaban las guerras, las guerras que ordenaban Madrid y Lisboa y que sufrían los vecinos de la frontera.

Hablemos de Ópera

hablemos de ópera

Para los amantes de la ópera, y para los que no los son, para los que gustan de la música y para aquellos a los que les divierten las entrevistas. Hablemos de ópera nació en la red. Lo primero fue una plataforma digital. Kleinburg reúne en Facebook a más de 42.000 seguidores. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Esa parroquia operística no se reúne sin un motivo. Lo mejor que tiene Kleinburg, lo que le permite conectar, es que ha humanizado la ópera, le ha quitado una solemnidad adherida que no le hacía ningún favor al canto, y la ha puesto al alcance de cualquier aficionado, sea un erudito o no.

Podríamos decir, que le ha dado el mismo aire cotidiano y festivo que tienen la ópera para los aficionados de la Emilia Romagna. Kleinburg es el capitán Cousteau de la ópera. Un narrador, un divulgador, un entusiasta que contagia su pasión. Uno siempre da lo que tiene, y no puede dar lo que no lleva dentro. Esa es la primera regla de la comunicación, y Kleinburg es, sobre todo, un gran comunicador. En los textos de estas conversaciones está presente su espíritu inquieto, curioso, y activo.

Madrid si fue una fiesta

movida

Sin duda fue una fiesta, y en este libro coral, divertido, ameno, lleno de anécdotas, se percibe muy bien lo que fue la movida, de dónde vino, cómo se desplegó, y qué queda de aquel amor. La movida fue un momento más que un movimiento; fue la ruptura estética con el franquismo; fue una explosión de libertad creadora desde la nada. Esto quiere decir que los que la protagonizaron no tenían un plan, no había un manual, ni siquiera un manifiesto fundacional. De ahí que no fuera un movimiento.

Se dedicaron primero a copiar a artistas como David Bowie o Ramones. Y a partir de ahí ya cada uno siguió su camino, con más o menos fortuna. Una de las cosas buenas de las muchas que tiene este libro es que pone en su sitio a casi todos, y reconoce que los músicos y cantantes de aquellos años tuvieron su inspiración en otros como Raphael. No se puede entender Golpes Bajos sin Concha Piquer, por poner un ejemplo. El diccionario es sobre todo un diccionario personal de su autor, con muchas sabrosas historias de los que están anotados en el libro.

Daguerrotipos

Karen Blixen

Daguerrotipos y otros ensayos es eso, una colección de textos y reportajes en los que predomina el recuerdo. Karen Blixen habita el pasado como el territorio en el que se siente más cómoda. El futuro no es lo suyo. Cuando lo imagina, vuelca su sentido esteticista y patina. Pero en la descripción de los viejos tiempos es una maestra, una gran dama de la literatura, a pesar incluso de que ahora sepamos, por la biografía La leona. Karen Blixen en África (Ediciones del viento) que la vida en Kenia fue menos romántica de loq eu contó y más dura y prosaica de lo que nunca admitiría. Los textos de Blixen abordan aspectos de su vida en África, un viaje por la Alemania nazi, su visión del feminismo, lo que piensa de los ensayos clínicos con animales, y un texto final en el que explica su vuelta al hogar.

El libro termina como una vuelta a casa, como un regreso al hogar en el que creció con su padre hasta los diez años. A esa edad, el padre de Karen Blixen, Wilhelm, se suicida, según algunas biografías, atormentado por la sífilis. Había sido un aventurero, un cazador que había pasado años con los indios chippewas en el oeste americano. Karen veneraba a su padre. En ese texto final, el lector percibe en la vida de Blixen una imitación del impulso paterno hacia el viaje, la convivencia con los indígenas, el regreso a casa. Una Odisea, la de una mujer que se sentía «de la sangre de Ulises».

Palabra de árbol, la antología de Irazoki

irazoki

Desde la nota inicial de esta Antología poéticaIrazoki advierte que no es poeta arrepentido, que no ha quemado versos, que no reniega de nada de lo escrito publicado: «asumo todas las páginas que he escrito. He puesto en cada una de ellas mi pequeña o no tan pequeña verdad personal». El tiempo ha decantado sus preferencias por unos o por otros. En la nota se marca también el momento, los años noventa, en que la poesía deja el verso para hacerse prosa. En Palabra de árbol están representados los nueve poemarios de Irazoki y también el inacabado Música incinerada.

Palabra de árbol se abre con habitación 306, que es un poema fundacional, no solo porque está escrito con 22 años sino porque está vinculado a un suceso que marca la vida de Irazoki: la muerte de su hermana Nica, con 25 años. «…estoy inmóvil, no entiendo cómo no han prohibido morir a los 25 años y han dejado al hombre mudo ante el eco impenetrable de los días, con el fondo de la vida atafagándole las sienes, examinando boca abajo su certificado de irrealidad, inerme, extendiendo torpemente los brazos tras un reguero de ausencias..» Irazoki, ante su hermana muerta, promete, se promete, llevar a término un proyecto vital que desarrolla la alegría, la capacidad de su hermana Nica de maravillarse de lo cotidiano, de ver el milagro en el vaso de agua.

Recuerdos de Antonio Fontán

antonio fontán

Antonio Fontán fue un liberal en la transición, como le definió Miguel Angel Gozalo en un célebre libro en el que perfiló con precisión la esencia política del hombre que desempeñó varios cargos en la España posterior al franquismo. Fontán fue senador, fue presidente del Senado, ministro de administración pública y diputado en Cortes entre 1979 y 1982. Fue además un intelectual y un sabio latinista. La historia del manuscrito de este libro se cuenta de manera sucinta en el prólogo de la obra. El texto tiene fecha de 1999, aunque Fontán comenzara a elaborarlo en 1959 y lo terminara en 1962.

La obra revisionista de las últimas legislaturas de nuestra democracia sobre la II República, y sobre todo la demolición de la obra de la Transición que practica el gobierno de la nación hacen de estas memorias de Fontán un libro de un valor muy alto y relevante. No estamos ante un libro de historia con su rigor y su aparato crítico de notas. Estamos ante unos apuntes en los que la memoria tiene un gran peso, pero asentada, matizada y corregida por lecturas y reflexiones, por conversaciones e investigaciones.

Sagitario

sagitario

Ginzburg lo tiene todo. Y Sagitario es un ejemplo perfecto de ese todo. Ginzburg es sensible, es inteligente, tiene fuerza, penetración psicológica, ironía, humor. Sabe captar el valor de un detalle, por insignificante que sea. Demuestra una observación poderosa, capaz de identificar cualquier pliegue del alma humana y colocarlo en el lugar preciso del relato, para que tenga el contraste necesario. Nada sobra en sus relatos. Te lleva. Te sabe llevar. Lo hace con naturalidad, sin aspavientos, con ternura, con gracia. Con mucha gracia. Se nota que soy partidario, ¿verdad? Desde Léxico familiar, que leí por vez primera en italiano, hace ya treinta años, no he dejado de leer todo lo que se ha publicado con la firma de Ginzburg. No es adicción. Es la seguridad de que vas a llegar a una verdad sobre el alma humana, y que la vas a alcanzar a través de las pequeñas cosas, de los pequeños gestos, de los detalles. De la literatura.

Tomando una frase del editor Einaudi, podríamos decir que Natalia Ginzburg escribía sus novelas con las palabras de todos los días. Cotidianas como el pan o las tareas rutinarias. En Sagitario, la protagonista es una mujer, la voz narradora es otra mujer (su hija) y los personajes secundarios son también mujeres, que aparecen entre sombras, y que vuelven a la penumbra. Como Giulia, esa otra hija de la que sabemos poco, en la sospechamos un corazón que apenas se atreve a salir de la oscuridad, y que, melancólica y tímida, pasa sus últimos años con una sonrisa dibujada en la cara, «la sonrisa de quien prefiere que lo dejen al margen para desaparecer poco a poco en las sombras».

Ricardo Estarriol

Estarriol

Es el mejor libro de memorias de un periodista que hemos leído en este 2021, así que tiene que formar parte de los regalos de Navidad. Ricardo Estarriol fue corresponsal en el Este, y como tal vivió la primavera de Praga (aunque no pudo entrar en el país), la revuelta de Solidaridad en la Polonia comunista y la caída del muro. Su testimonio es una gran lección de periodismo, cuando el periodismo se hacía buscando las fuentes directas, sin internet, sin más red que la que uno se podía construir con años de buen trabajo y de confianza.

Las crónicas de Estarriol en La Vanguardia abrieron a los lectores un mundo cerrado, ocultado por el bosque de la propaganda. Un mundo en el que no era fácil ser periodista, y menos ejercer la profesión. Estarriol se muestra en este texto como la persona que fue: un creyente, miembro del Opus Dei, que llegó a Viena para ayudar a construir la Obra en los países del este. Un relato fascinante.

Servicio de lavandería

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Uno de los grandes libros de poesía de este año. Como en las fases del programa de una lavadora automática, Servicio de lavandería comienza por el prelavado: una nota poética cargada de la vida cotidiana de esas periferias de los hospitales que no vemos, donde la miseria se depura para que sábanas y camisones vuelvan a un blanco inmaculado. «Dos lavadoras industriales bastan para blanquear la ropa de las heces y de la sangre que podría ser mi sangre, mi miseria podría ser algún día un camisón cubierto de vómito…» «Bendita sea mi vida, bendita mi salud, porque algún día, quizás, podría ser mi miseria un camisón» Este poemario de Begoña Rueda, que tiene el tono de aquellos bodegones «vanitas» del barroco, la forma de un dietario, y la sencillez de un horario laboral, mereció el XXXVI premio Hiperión de poesía. Y ahora llega el libro, que celebramos.

Los versos del capítulo Lavado comienzan el 21 de marzo de 2020: «De casa a la lavandería, y de la lavandería a casa, España hace una semana se declaró en cuarentena por una pandemia de origen asiático. Mil noventa fallecidos y veinte mil contagios más tarde yo sigo esperando el autobús». Una rutina que no tiene premio. Mientras se aplaude a los sanitarios, se olvida a quienes lavan «la ropa de los contagiados con las manos desnudas»

Anthony Bourdain

anthony bourdain

No podía faltar en esta selección un libro de cocina. Y de entre los muchos que se han editado este año, hemos elegido el de Anthony Bourdain, en Planeta Gastro, porque nos parece que se trata de una obra que es un auténtico legado de uno de los divulgadores gastronómicos más relevantes. Comer, viajar, descubrir, es una obra irreverente, a ratos provocadora, y siempre divertida de este chef que fue a su aire en todo lo que hizo, desde los libros a los programas de televisión.

El libro se abre con una declaración de Bourdain en la que asegura que nunca ha pretendido ser periodista, ni dictar el gusto, ni escribirlo todo sobre un lugar. Y la obra obedece a ese propósito. Es una guía muy personal, que sigue el criterio del autor, que persigue hacer sentir al lector lo mismo que sintió Bourdain al descubrir una taberna en Borneo o un restaurante callejero en Oaxaca. Imprescindible.

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