corral cervantes

Víctor Cucart es el fotógrafo español de moda y retratos con más proyección internacional. Vive entre Madrid, México y Nueva York. Esos son los puntos más estables de su geografía. Y Valencia, donde nació, donde tiene unas raíces profundas. Pero sus billetes de avión son a París, a Suiza, a Italia, a las islas de los mares del Sur. No importa dónde. Ha pasado unos meses mirando a la Gran Vía desde su casa/estudio, y retratando los cambios de luz de esa calle vacía para su cuenta de Instagram, donde le seguimos los fans de su trabajo, y de su persona. No hay nadie que le conozca que, después de hablar de sus magníficos retratos no añada que es una persona maravillosa.

Víctor Cucart, un talento natural

Ha sido un aquí te pillo. Víctor Cucart está en su casa/estudio y nos atiende al teléfono. No ha habido tiempo de preparar nada. No hace falta. Como el que recibe en casa una visita inesperada e improvisa un banquete. Víctor es así. Natural, abierto, mediterráneo. Unos días antes de este podcast, de esta entrevista, nos hemos visto en el parque de Rosales, por ponernos al día y estirar un poco el alma después del encierro. Antes de marcharnos me toma retratos con el móvil, imágenes que me enviará por la noche. No se puede hacer más con menos. No me refiero al teléfono sino a este cuerpo maltratado por el confinamiento, la falta de sol, la clausura cartujana en que nos han tenido encerrados.

Giorgio Armani
Giorgio Armani, por Víctor Cucart

Ahora Víctor vuelve a coger aviones. En la maleta, cuatro cosas. Un par de cámaras y unas lentes, siempre lentes fijas, nada de zoom. El zoom, como decía el clásico, son los pies. Y las lentes fijas son más luminosas, y a Víctor le gusta jugar con las velocidades lentas, con la luz natural. Apenas usa flash, y si lo necesita es para «rellenar», para matizar, para eliminar una sombra. El fotógrafo tiene la imagen en la mente antes de empezar a disparar. Y tiene que conseguir que la realidad imite al arte, que es solo una idea. Ese es el trabajo: «En la fotografía cuenta el resultado, cuenta solo una imagen de las cientos de imágenes que haces en una sesión. Y por eso necesita una gran preparación, y un equipo que te siga, porque por mucho que tu tengas la idea en la cabeza, si los que te acompañan no te siguen, no haces nada».

Zubin Mehta, el hombre apresurado

Al fotógrafo a veces apenas le dan tiempo. Zubin Mehta le dijo que tenía veinte minutos para la foto decisiva. Veinte minutos. Un descanso en un ensayo de orquesta. Víctor tiraba fotos y la secretaria del director cronometraba el tiempo. Ni un segundo más. Eso es jugarse el tipo. Otros no tienen ganas de posar, y el fotógrafo tiene que hacer de psicólogo: persuadir al modelo, convencerle de que no va a ser doloroso, para después dirigir la sesión y sacar del personaje lo mejor de si mismo.

Zubin Mehta
Zubin Mehta

Lo consigue siempre. Lo logró de forma especial con María Dolores de Cospedal. Su imagen era dura, rígida. Cucart le hizo un gran retrato. Creó una atmósfera de confianza, eliminó los bloqueos, y en las fotos se ve una persona conocida con un rostro nuevo, para muchos insospechado.

María Dolores de Cospedal
María Dolores de Cospedal

El valor de la imagen

Hemos hablado sobre el valor de la imagen. Un fotógrafo internacional como Cucart tiene la capacidad de comparar el valor de la buena imagen aquí y en México, en Valencia o en Milán, en París o en Albacete. En España todavía nos queda un tramo importante para darle a la buena imagen el gran valor que tiene. Uno ve entrevistas en las que se utilizan fotos de repertorio que no tienen mensaje. Un buen fotógrafo narra una historia, cuenta un relato, trasmite información, valores. Cucart detalla en la entrevista cómo una foto de un célebre relojero cambió de forma radical cuando introdujo en la escena al hijo del cliente.

No se pierdan tampoco los detalles de la sesión de fotos de aquella mujer que llegó con la ropa equivocada. Es una mujer célebre, una mujer bellísima, que vino con unos cambios de ropa que no permitían el juego de las fotos. Víctor abrió su armario y la vistió con sus camisas y con sus pantalones, y la sesión fue un éxito. No se pueden dar nombres. Es lo de menos. Lo que cuenta es cómo el juego y el arte de este hombre inquieto, divertido, efervescente, es capaz de transformar un error en una gran imagen.

Marie Hélène Schneider
Marie Hélène Schneider

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