Mank es un proyecto ambicioso, interesante, y autorreferencial. Habla del cine de Hollywood y tiene grandes momentos, pero quienes no sean cinéfilos, quienes no conozcan la intrahistoria del rodaje de Ciudadano Kane, es probable que se pierdan en los pliegues de esta obra que en muchos momentos es una imitación de aquella otra. Cine en blanco y negro, planos en ángulos dramáticos, fundidos encadenados, y un ambiente de oscuridad tenebrosa cada vez que la cámara entra en los dominios de William Randolph Hearst. Es la estética de Orson Wells. David Fincher traduce en imágenes un guion escrito por su padre. Un viejo proyecto que ha dormido en los cajones del olvido durante dos décadas, hasta que interesó a Netflix, que busca con esta cinta otro asalto a los Oscar. Es la favorita. Tiene 10 nominaciones.

Una vieja disputa

Lo mejor de Mank es el trabajo de Gary Oldman, que encarna a un Herman Mankiewicz que aceptó escribir el guion de Ciudadano Kane en la cama del hospital donde se recuperaba de un accidente de automóvil. Mankiewicz era un guionista de Hollywood, hermano de Joseph, director de cine, hijos de esa diáspora que emigró desde Europa a finales del siglo XIX. Herman tenía una personalidad ácida y cínica, uno de esos incómodos personajes que dicen lo que piensan.

Mank
Una escena de Mank

Incómodos pero también divertidos. Mankiewicz era el invitado de las fiestas de Hearst, para poner una dosis de pimienta en un aire políticamente correcto, en un ambinete cargado de aduladores. Y ese es el perfil del personaje que explota Mank. La historia en la que se centra la película es la del guion de Ciudadano Kane. Welles y Mankiewicz recibieron el Oscar al mejor guion por ese trabajo. Pero la película sostiene que aquel guion nació del talento de Mankiewicz y Welles tan solo hizo algunas modificaciones.

Cine y política

Para sostener esa tesis, la película nos cuenta no solo el proceso de escritura del guion sino el ambiente de Hollywood en el que Mankiewicz se inspiró para elevar a la categoría de arte la vida miserable del gigante de la prensa sensacionalista. Y así Mank se mueve entre el presente (Mankiewicz postrado en una cama en la que escribe las escenas en libretas de notas) y el pasado inmediato, construido en capítulos de flashback en los que se describen los intereses políticos de Louis Mayer (el propietario de la Metro) y Hearst.

Mank
Louis Mayer, en el centro, camina junto a los hermanos Mankiewicz

Fincher describe Hollywood como un nido de ególatras y manipuladores. Herman soporta ese ambiente gracias al alcohol. Pero su amargura llega a su extremo en las elecciones de 1934. Se elegía al gobernador de California. Louis Mayer dedica su dinero y su industria a hundir las opciones de Upton Sinclair, el candidato progre a base de propaganda con apariencia de noticias. ¡Eso eran fake news! construidas como un guion cinematográfico y vendidas como información. Los grandes dirigentes de empresa, como Mayer eran los mejores actores. La escena en que Mayer pide a los actores y trabajadores de su productora que acepten una rebaja importante de su sueldo es antológica.

Lo mejor de la cinta es el trabajo de Oldman, la construcción que hace del personaje Mankiewicz. Mank es una película muy interesante, para la que hace falta mucha información antes de verla. De lo contrario el espectador perderá muchos matices. Se hace excesivamente larga, quizá por el intento de Fincher de abarcar demasiados temas en una sola película, pero tiene muchos momentos excelentes.

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