Quienes practicamos el confinamiento reflexivo en estos tiempos difíciles y convulsos buscamos ver la situación con perspectiva y entender dónde estamos y sobre todo por qué hemos entrado en esta situación, qué implicaciones tienes, qué consecuencias nos traerá.  Es un buen momento para volver a ver Los dioses deben estar locos, una de esas películas que inspiran y motivan, y hacerse algunas preguntas elementales.

Una crítica de la modernidad a través del humor


Como siempre, la magia del cine es infinita y en esta ocasión en tiempos de  introspección profunda podemos ayudarnos con la maravillosa película  Los dioses deben estar locos,  magnífica comedia  de bajo presupuesto pero de gran valor sociólogico. Esta película nos cuestiona si realmente nuestra sociedad moderna y sus formalismo  tienen sentido, si la capacidad de adaptación del hombre a las normas de la sociedad  nos hace felices. 


Vistos desde  la sencilla vida de la tribu de los bosquimanos donde no hay bienes,   horarios,  jefes, política ni ley  pero un gran sentido de la responsabilidad y del respeto de unos hacia los otros como norma básica de vida.  Los elementos claves de convivencia de los Bosquimanos radican en el respeto, el sentido común y la responsabilidad individual hacia su comunidad 

Podemos hacerlo mucho mejor


La película  cuestiona si los que vivimos en esta supuestamente  sociedad moderna realmente somos como  tal o nos hemos creado un conjunto de normas absurdas y en ocasiones ridículas, y que yo me atrevería a decir en ocasiones una sociedad inhumana. 

¿Somos realmente felices? ¿Podemos hacerlo mejor ? ¿Sabemos realmente que es la educación y el respeto ? Al final es cierta esa famosa frase que dice: lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta.

 Uno de los mejores personajes y el más auténtico es el Xixo interpretado por N!xau  bosquimano de Namibia a quien me hubiera gustado conocer y que me explicara cómo fue su experiencia al descubrir la sociedad moderna y el mundo del cine.  Su interpretación nos regala de manera generosa  su mirada amable y curiosa hacia un mundo aveces ridículo y sin frenos como el coche de la película 

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