Poder y resistencia. Ilija Trojanow. Traducción de Roberto Bravo de la Varga. Acantilado

Poder y resistencia se estructura en torno a dos vidas, la de Metodi y la Konstantin. El primero encarna el poder en la Bulgaria comunista. El segundo la resistencia. Dos monólogos se entrelazan en esta novela que abarca el periodo de la dictadura y los primeros años tras la caída del muro de Berlín. Una novela que busca algo más que un ajuste de cuentas con la historia, algo más que un despertar de la amnesia. Bulgaria enterró su pasado en el fondo de un laberinto de burocracias y comisiones. Los jefes del partido y de la seguridad se convirtieron en empresarios. El pasado quedó anotado en los informes de la policía política. Esos papeles eran un terreno minado. Entrar en ese laberinto significaba acceder a una verdad infectada de asco. Familiares, amigos, colegas de profesión, aparecían como delatores al servicio de la Darfavna Sigurnost (DS), el servicio secreto de seguridad del régimen. Bulgaria dividida entre sumisos al poder y resistentes.

Veinte años de investigación

Ilija Trojanow
Poder y resistencia de Ilija Trojanow

Poder y resistencia tiene detrás veinte años de investigación. Ilija Trojanow es un escritor alemán de origen búlgaro. Su familia huyó del país hacia la Alemania del Oeste en 1971, cuando Trojanow tenía apenas seis años. Para escribir esta, que es de momento su obra más ambiciosa, ha tenido que bucear en los informes de los servicios secretos. Es una obra contra la amnesia, contra el olvido, y sobre el dilema moral que plantean siempre las dictaduras: resistirse al poder o plegarse hasta encontrar una postura cómoda.

La obra se teje en torno a dos monólogos que se van alternando en la narración. Por una parte está Konstantin, que ha pasado veinte años de cárcel por poner una bomba en una estatua de Stalin en un parque de Sofía, la capital búlgara. Su antagonista es Metodi, un cargo de la seguridad del estado, que entró como un tierno y entusiasta aspirante en las juventudes comunistas y ha escalado en la jerarquía a base de ser eficaz, implacable con los opositores y poco molesto con los que de verdad mandan: los soviéticos.

Rehenes del pasado

Konstantin es un rehén del pasado. Todos sus esfuerzos en la novela están encaminados a desempolvar los informes de la Seguridad, a encontrar la verdad, a beberse la cicuta de descubrir que hasta sus familiares han sido confidentes de la policía. Metodi sin embargo desarrolla su monólogo con una conciencia sin remordimientos. Hicieron lo que tenían que hacer para construir el socialismo, y si hubo excesos fueron en cumplimiento de las órdenes que venían de la dirección. Pero a Metodi el pasado le asalta por una vía insospechada. Una joven se presenta en su casa y afirma ser su hija. Su madre, en la hora de su muerte, le confesó quién era su padre. Metodi es un buen marxista, y no duda en convertirse en un buen capitalista cuando la historia va en otro sentido.

Ilija Trojanow
Ilija Trojanow

La narración de Metodi y de Konstantin se interrumpe para dejar paso a los informes de la policía política. Archivos reales de la Seguridad del Estado, transcritos con su numeración y las tachaduras de la censura posterior. Son informes de escuchas, interrogatorios y delaciones. Un cuarto elemento de la novela son los «relatos», fechados en momentos que van desde 1950 a 1999. Este último año es el comienzo de la novela.

En busca de los desaparecidos

En esas primeras páginas, una mujer sale de su casa en el campo, de noche, con un radiocasete. Intenta grabar las voces de su hermano, desaparecido desde que la policía se lo llevó de su casa. En el país reina el optimismo del dinero. » El siglo va deshaciéndose, se pega a la lengua como una lámina de chocolate amargo. Nuestra querida patria es una escalera sin peldaños. Vivimos en un paraíso donde las alholvas cubren la tierra e impiden que se vean los cadáveres. Esplendor sin límites. Un montón de sandías con urea. Al borde del camino, los hombres sudan y se desesperan pero nosotros pasamos como un rayo. ¿Para qué detenerse?»

«Aquellos que han leído Poder y resistencia han entendido y experimentado, de una manera que sólo la literatura permite, lo que fue el telón de acero»

Martin Ebel en Die Welt

Trojanow reconoce que para la novela se inspiró en su propio tío Guéorgui Konstantin, un anarquista condenado en 1953 a veinte años de prisión por dinamitar una estatua de Stalin. Pero su rastro en la novela termina ahí. El método de Trojanow se parece al de Svetlana Alexíevich. Recoge voces y testimonios. Pero en lugar de construir una historia coral de múltiples voces, Trojanow arma una ficción con elementos tomados de cada uno de ellos.

Ficción y realidad en Poder y resistencia

Parte de materiales de la realidad para construir sobre ellos una ficción en la que aporta elementos creativos. Dos concepciones de la vida se enfrentan en esta novela que tiene páginas brillantes. Y que termina por ser un homenaje a quienes eligieron el espíritu de la resistencia frente al espíritu del poder. El final es tan cómico como amargo. El pasado se fue y quienes lo habitaron se marcharon sin que se conociera la justicia. Queda la novela, territorio en el que Trojanow eleva un momento a una experiencia casi olvidada. Para Trojanow, la ficción es una forma de combatir la falsa historia.

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