corral cervantes

Son casi las once de la mañana y en Franjul una señora se prueba unos zapatos de ante, de un color rosa empolvado. Llevan tacones de boda y cintas con hebilla. La señora dice que son perfectos, pero acusa una ligera presión, ligerísima, pero ya que estamos…. Los zapatos vuelven al taller para unos minutos de horma. A su regreso están domados como corderos. La dama paga sin que se le mueva un cabello de su cardado rígido y rococó, se va feliz y ligera.

Franjul se asoma a la calle Lope de Vega, frente a Sales de Plata, y al lado de Gofio, el segundo restaurante con estrella Michelín en este Barrio de las Letras. El primero fue Yugo The Bunker. Hace un frío gélido, y sopla un ventarrón áspero. En el taller se oye el martillo zapatero que hace de contrapunto al rumor de la radio. A las once de la mañana la radio ha perdido adrenalina y tiene un tono amable, manso.

Franjul
Paco Sánchez construye un zapato

Siete décadas

En una pared blanca, a la vista del público, Franjul celebra sus setenta años, que cumplió en 2017. Se fundó allá por 1947. Y desde entonces hacen zapatos a medida. A medida de los pies y de la estética de las mujeres que los encargan. No solo se ciñen al juanete como una piel. También se pueden adornar con la misma tela de un vestido, y hacerlos de colores que combinen con lo que una quiera.

En esta casa no hay pies extraños, ni raros, todos son únicos, y para todos hay un zapato, como lo quieran las mujeres que entran por su puerta. Aquí las mujeres lo pueden elegir todo. 250 colores y cientos de texturas dan un número de combinaciones inabarcable.

Franjul
Zapatos en Franjul

Franjul se lee con jota española, castellana. No hay nada de francés en este nombre que según nos cuenta José Santamaría, socio y director de comunicación, es el acrónimo formado por los nombres de los fundadores: un Francisco y un Julio. De aquel Francisco viene Paco Sánchez, sobrino del fundador. Sus manos atesoran el conocimiento de la artesanía zapatera que sostiene este negocio. Nos enumera las partes de un zapato, y las fases de su construcción, como una arquitectura. Un zapato es una semana de trabajo. Antes de marcharnos nos muestra orgulloso los que hizo para Isabel Pantoja, los que llevó en sus conciertos, y los rojos que se puso para pasar por EL Hormiguero.

Zapatos con Martini

No hay modelos iguales. En Franjul hacen los diseños, y cada año proponen una colección. Una de las más recientes está inspirada en El mago de Oz. Pero son propuestas sobre las que construir cualquier sueño. José nos muestra en su ordenador un modelo Infanta Margarita con el detalle más snob que uno pueda imaginar: unos zapatos con una petaca de Martini junto al tobillo. José apunta que están indicados para una fiesta de la marca italiana. A uno se le ocurre rodear los tobillos de las señoras, ya sean finos o robustos, con alguna colección de malta, con dosis mínimas de Rioja o con un botiquín de chinchón.

Franjul
Paco, con los zapatos que llevaba Isabel Pantoja en su visita a El Hormiguero

A Franjul la red le ha dado una proyección internacional. No es negocio que se pueda vender a distancia, porque el trabajo artesanal requiere probar los zapatos en el taller, ver los colores, acariciar las texturas. Pero hasta esta calle de Lope de Vega vienen mujeres de América o de Australia que saben de Franjul por su Instagram

Antes de dejar el barrio, José Santamaría nos hace de anfitrión. Es vicepresidente de la Asociación Las Letras Street. Improvisa una gira por las calles del barrio, para enseñarnos una tienda taller donde hacen sedas pintadas a mano, con dibujos y estampados deslumbrantes, una tienda que reúne artesanías de toda España, y el negocio de un sastre de telas vaqueras. En el mundo globalizado todos los centros de las ciudades hoy son idénticos, con las mismas tiendas, con las mismas marcas. Madrid es otro mundo. El Barrio de las letras tiene objetos únicos, piezas exclusivas, tiendas y talleres que no admiten la clonación.

Dejar respuesta

¡Deja un comentario!
Nombre