El pasado 5 de julio se estrenó Yesterday, una película que se basa en una premisa de lo más jugosa: ¿qué pasaría si en el mundo nunca hubieran existido los Beatles? Su protagonista, un joven músico con talento pero con una nula capacidad de convertirlo en éxito sufre un accidente. Cuando se despierta, descubre que el cuarteto de Liverpool, sencillamente, nunca ha existido. En realidad, se trata de una comedia romántica dirigida por Danny Boyle, autor de una filmografía interesante y heterogénea con títulos como Trainspotting o 127 horas y ganador de 8 premios Oscar con Slumdog Millionaire.

A pesar de que los John, Paul, George y Ringo nunca crearon su mítica banda, en la película parece el mundo de la música sigue siendo más o menos como lo conocemos hoy. Aunque es imposible saber a ciencia cierta cómo serían las cosas sin ellos, a continuación os dejamos un pequeño relato de ciencia-ficción musical que deja bien claro la enorme influencia que este cuarteto dejó para la posteridad.

Los Rolling Stones sería un grupo de versiones

A principio de los años 60 del pasado siglo, la mayoría de los grupos de rockeros británicos se limitaban a versionar, a su rokera manera, las canciones de músicos del otro lado del charco. Chuck Berry, Buddy Holly, Little Richard o Willie Nielson caían en manos británicas con ritmos divertidos y alocados (para la época). En realidad, los Beatles fueron de los primeros en querer componer sus propios temas, y lo hicieron en aquellas simplonas Love me do o She loves you que rápidamente (y con gran habilidad por parte de su manager) se convirtieron en éxitos. Fue precisamente George Harrison quien consiguió el primer contrato discográfico a sus amigos stonianos, y Paul y John, por entonces los únicos que se atrevían a escribir canciones, quienes convencieron a Mick Jagger y Keith Richards a que hicieran lo propio.

El primer disco de los Stones resultó conjunto de versiones muy bien ejecutadas, una de ellas compuesta por el dúo Lennon / McCartney, y con solo una composición propia: Tell me. Una balada de ritmo punzante en la que ya se dejaba sentir el estilo primigenio de una banda que estaba llamada a ser grandiosa.

Los Beach Boys solo habrían hecho canciones de surf

Cuando en 1958 Brian Wilson recibió como regalo de cumpleaños un megáfono nadie podía imaginar que, en menos de una década, se convertiría en uno de los músicos más influeyentes del siglo 20. Con ese aparato aprendió a grabar las voces de sus hermanos, con quienes más tarde formaría su mítica banda. Un grupo que tendría un éxito casi instantáneo a base de canciones frescas y divertidas sobre surf, coches y chicas en el eterno verano californiano. Sin embargo, la british invasion que iban a protagonizar los grupos de las islas británicas iba a cambiar muchas cosas.

Por supuesto, los Beatles fueron los primeros en llegar, y lo hicieron con una serie de discos que fueron subiendo de nivel en muy poco tiempo. Mientras esto ocurría, los Beach Boys se estaban convirtiendo en el grupo más famoso de su país, pero Wilson quería más, mucho más: hacer canciones que dejaran al público anonadado, que dejaran una huella imborrable. Así fue como surgió Pet Sounds, una auténtica obra maestra del pop que sigue inspirando. Sin embargo, la respuesta que llegó desde Liverpool fue nada menos que el Sgt. Pepper, el que muchos piensan que se trata del disco más importante de la historia.

Brian nunca se repuso de aquel golpe. Aunque el estrés del estrellato le había obligado a retirarse de los escenarios algún tiempo antes, a partir de ese momento se agudizó: depresión, ansiedad, crisis nerviosas, abuso de sustancias tóxicas de variado tipo y una prolongada ausencia en las presentaciones en vivo (aunque seguiría muchos años creando canciones de estudio) que tardó en superar.

El arte sería menos pop, y el pop menos artístico

En menos de una década los de Liverpool fueron mutando de forma progresiva: de alocados veinteañeros que versionaban a sus ídolos a base de rock’n’roll a auténticos artistas que experimentaban y cambiaban el significado de la música popular. Sus canciones fueron creciendo en complejidad, en profundidad, en variedad de significados e interpretaciones. De cuarteto de voz-bajo-batería-guitarra pasaron a ser los directores de una orquesta infinita que podía incluir animales, violines, trompetas, manipulaciones sonoras y trucos de estudio que antes, sencillamente, no existían.

Sgt. Pepper's - The Simpsons
Sgt. Pepper’s – The Simpsons

Pero no solo su música se iba haciendo más y más interesante y vanguardista. Las portadas de sus discos y, con ellas, los extras incluidos en ellos, se convertían en auténticas obras de arte capaces de ser expuestas en museos y de influir en generaciones de artistas de lo más variopinto. Solo las portadas del Sgt. Peppers y del Abbey Road ha pasado por todo tipo de versiones.

Incluso el concepto de vídeo musical, que por aquel entonces no existía, fue explotado y llevado su máxima expresión por ellos. Aunque hay que decir que, visto desde hoy en día, no dejan de ser más bien naïf:

La música sería un poco menos tecnológica

Llegó un momento en que los Beatles se vieron incapaces de tocar sus canciones en directo. Sencillamente, la tecnología de la época se les quedó pequeña. Dentro del estudio podían pasarse horas, días o semanas experimentando con sus ingenieros y técnicos de sonido, que se las veían de todos los colores para satisfacer sus extravagantes demandas. Sin embargo, fruto de aquellas visionarias sesiones de grabación surgieron técnicas hasta entonces inexistentes, como el doble tracking, el sampling o la grabación inversa de cintas de audio. Además, para sus creaciones contaron con la más moderna tecnología de la época. Por supuesto, alguna locura, extrema y todavía difícilmente digerible, surgió de aquello:

El yoga y lo hindú estararían un poquito menos de moda

Podríamos citar muchos, muchísimos más ejemplos de cómo esta tremenda banda influyó no solo en la música, sino en la cultura popular, y no solo de su época. Terminamos con una influencia que excede no solo lo musical, sino lo artístico. Y es que los Beatles fueron de los pioneros en abrazar otras fuentes culturales, que si bien llevaban décadas filtrándose en occidente, todavía no habían alcanzado la popularidad (e incluso la normalidad) de hoy en día.

En 1968, pocos meses antes de meterse en el estudio para grabar el Sgt. Peppers, emprendieron un viaje a la India que cambiaría muchas cosas. Ringo y Paul se fueron pronto, pero John y, sobre todo, George, quedaron anonadados por un pequeño pueblecito llamado Rishikesh. Allí, junto a otros famosos artistas de entonces, se metieron de lleno en las enseñanzas del Maharishi Mahesh Yogi y de su meditación trascendental, aunque el gurú terminó por desatar sus dudas cuando se desató el rumor de que intentaba seducir a sus discípulas.

En cualquier caso, las influencias musicales y filosóficas hindúes ya se habían colado en sus vidas. En realidad, la música pop ya había recibido influencias hindúes, en especial en los sonidos psicodélicos de los hippies norteamericanos, pero ellos fueron un altavoz de vital importancia para que esas influencias llegaran a tener no solo la trascendencia, sino la cotidianidad que tienen hoy en día.

Para muestra, una canción de George Harrison. Quien, por cierto, fue incinerado y descansa a la orilla del Ganges, el río sagrado de la India.

Escrito por Ignacio Moreno.

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