Confusión de penas. La vida, sin más (1) Julien Blanc. Traducción de Luisa Lucuix Venegas. El Paseo Editorial

Confusión de penas alude en su título a la regla jurídica francesa por la que las penas o castigos superiores se funden con los inferiores. La condena más grande en un tribunal asume aquellas más pequeñas que puedan dictar otros jueces por otras causas. Estamos ante una novela de formación, dividida en tres tomos, una trilogía olvidada que narra la caída en la desgracia del niño Julien, carne de instituciones de acogida. Los primeros años, narrados en esta Confusión de penas, tienen un aire dickensiano. Blanc no carga la suerte, no reclama la compasión o la piedad del lector. Narra con una fría exposición de hechos, no cae en el patetismo. Su fraseo es corto, y seco, hace avanzar el relato con rapidez. Y el lector cerrará el libro con el agradecimiento a los editores por haber descubierto una obra inolvidable, que estaba arrumbada en el olvido.

julien blanc

Hijo de padre desconocido, huérfano de madre a los siete años, cuando Julien Blanc insistía en escribir obras de ficción, Jean Paulhan le recomendó que se dedicara a narrar su propia biografía. Y el resultado es esta trilogía titulada La vida, sin más…. que El Paseo editorial tiene en sus planes para esta temporada. Es la primera vez que se publica en español.

El primer tomo ya está en las librerías, y no defrauda. Comienza con la evocación de la madre, los primeros recuerdos, la percepción de que su madre, joven y sola, es objeto de deseo de los hombres que la ven en el transporte público. La madre es para Julien una presencia celestial, una mirada celeste, cada vez menos frecuente, que termina por perderse en la enfermedad que le lleva a la muerte.

El niño Blanc, con apenas siete años, no se resigna a la muerte de la madre, a la pérdida del único paraíso. El adulto Julien describe con una precisión conmovedora los mecanismos psicológicos de la pérdida: » a pesar de la certeza aparente de que la muerte era irremediable, no podía creerme que mi madre hubiera muerte. Mi imaginación se entregaba a un singular trabajo: la veía en todas partes; en el cielo, en los árboles, por la noche, tumbada junto a mí. nunca quería jugar con mis compañeros para poder buscarla mejor, porque su espejismo, tan pronto como se manifestaba, se desvanecía para reaparecer en otra parte».

Comienza para Julien una vida ambulante, entre familias de acogida e instituciones sociales, siempre perdido en la desgracia, castigado por errores y faltas que no comprende. Hay días momentos en los que aparece el sol en su vida, para ocultarse poco después y volver a un ambiente gris siniestro. Quiere aprender a tocar el piano, para recuperar el espíritu de madre, pianista. La adversidad le llevará a la cárcel por unos meses, donde encuentra la fuerza de la amistad de chavales que han tenido vidas similares, algunas más desgraciadas que la suya.

En el relato de Confusión de penas las sombras son profundas, los momentos luminosos son radiantes. Julien Blanc celebra con júbilo los rastros escasos del amor, de la amistad, del naciente erotismo. Sin un entusiasmo inconsciente, sospecha siempre el giro trágico próximo. Tras la luz, sabe que viene pronto la sombra. El niño había aprendido a no confiar en los adultos a edad temprana; ha desarrollado una sabiduría de la vida que está a años luz de la que podemos encontrar en un joven de su edad en nuestro tiempo.

El protagonista de Confusión de penas aprende pronto que solo debe guiarse por su instinto. Ni la religión, ni la educación, ni menos la hipocresía del poder, de las instituciones, tienen nada que ofrecerle. Reacciona con violencia, con arrebatos insensatos, pero de una pureza adolescente. En el amor sufre el engaño, intenta un torpe suicidio. Se alista en el ejército para pagar sus deudas, y encuentra entre los oficiales a una banda de sodomitas.

Le encierran en prisiones y termina, en este primer tomo, final deprimido, cuando los gendarmes lo sacan para visitar, por novena vez, los tribunales: «no había nada más que esperar de la vida….» Nosotros, lectores, esperamos el segundo tomo. Julien Blanc es pariente en desgracias de eso niño desgraciado que fue Andreas Altmann, nuestro contemporáneo, cuyas memorias de vida hemos reseñado en FANFAN.

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