corral cervantes

Cuenta el legendario Winston Churchill en el último tomo de su autobiografía sobre la Segunda Guerra Mundial, «Para el mediodía estaba claro que los socialistas tendrían la mayoría [en las elecciones]. Durante el almuerzo, mi esposa me dijo: ‘Puede que sea una bendición disfrazada .Yo repliqué: ‘Pues de momento, parece un disfraz muy eficaz’ «. Personalmente no creo que todo lo malo nos trae cosas buenas. Lo malo nos hace aprender, adaptarnos y crecer, pero me parece que los seres humanos no necesitamos la crueldad extrema de esta crisis para aprender. De lo que estoy convencida es de que esta cuarentena, y lo que rodea a la pandemia tienen que ser una bendición muy bien disfrazada. Y que cuando todo esto acabe seremos mejores y apreciaremos más lo que tenemos: las señales ya las estamos empezando a ver. Es un ejercicio de resiliencia, y de confianza en el futuro.

Primo Levi
Primo Levi

Ayer por la tarde tuve que salir al supermercado. Llegué diez minutos antes porque no sabía qué me iba a encontrar. La semana anterior no había acudido a por suministros y tenía una despensa como la de Carpanta.  Me encontré sola delante del Ahorra+ mi super de barrio, con el dulce sol de la tarde calentándome la espalda y no pude dejar de recordar las palabras de Primo Levi, en Si esto es un hombre sobre una mañana en Auschwitz: ‘Hoy por primera vez el sol ha salido, vivo y nítido sobre el horizonte de fango. Es un sol polaco frío, blanco y lejano. Que no calienta la epidermis, pero cuando se ha desprendido de la última bruma, un murmullo ha recorrido nuestra descolorida multitud, y cuando también yo he sentido el calor a través del paño he comprendido hasta qué punto se puede adorar el sol’. Esta crisis nos tiene que ayudar a ser agradecidos hasta por el sol que nos calienta, a empezar el día con un ‘Otro día que estamos todos juntos y por el momento, sanos’ y a acabar el día con un ‘Un día menos para que esto acabe’. Estímulo y confianza.

Una oportunidad

Esta cuarentena va a cambiar nuestra vida y tiene que ser para mejor, tiene que servirnos para disfrutar de las pequeñas cosas buenas que nos pasan todos los días, y que no valoramos porque las damos por hechas. Nunca, y ya peino canas, había tenido tiempo para disfrutar de un rato de sol conscientemente, antes de hacer la compra, siempre con prisas, preocupada por invertir demasiado tiempo y de que no se me olvide nada. Ahora podemos disfrutar de tener todo el tiempo del mundo para hacer las cosas, obligados como estamos a aparcar muchas obligaciones cotidianas. Creo que es la primera vez en la vida que me acuesto sin pensar en todas las cosas que tengo que hacer al día siguiente. Ahora que todo tiene que esperar por fuerza, es cuando nos damos cuenta de que nada es tan importante, de que en realidad sí tenemos tiempo, lo que pasa es que no tenemos claras nuestras prioridades.

Espero que esta situación nos haga reflexionar y cambiar, con confianza en que lo vamos a conseguir. He pensado mucho en los últimos tiempos en lo frívolo que se estaba volviendo occidente, en esta era de postureo digital. La cuarentena nos tiene que servir para darnos cuenta de que en realidad no nos hacen falta tantas cosas para vivir, y que desde luego, no son las cosas materiales las que proporcionan felicidad. No en vano, año tras año, los estudios dicen que una vez tenemos las necesidades cubiertas con cierta holgura no hay diferencia entre la felicidad de una persona normal y un supermillonario. Pero la inercia nos ha arrastrado, y nos ha hecho perder confianza en nosotros mismos.

Valorar lo que tenemos

Volver al colegio será una fiesta y para esta generación quizá lo sea a partir de ahora todos los años, porque sabrán qué es no ir a la escuela. Y volver al trabajo también, sobre todo porque no todos tendremos un trabajo al que regresar. Todo esto tiene que servir para valorar aquello de bueno que tenemos en nuestras vidas, sea mucho o poco, cosas que damos por hechas y que ahora, tememos perder de un plumazo.

Esta crisis tiene que hacer reflexionar a las empresas sobre la generalización del teletrabajo. Los buenos trabajadores pueden hacer sus tareas desde sus casas. Podrán conciliar mejor y estarán más comprometidos con una empresa que les permite atender a su vida personal. Se evitarán los atascos y la contaminación y las personas tendrán más tiempo para sus aficiones, para el deporte, para la vida social y para su familia, por lo que sus vidas serán más satisfactorias.

Descubrir cosas nuevas

Espero también que esta crisis nos haga vivir el ocio de otra manera. Que las visitas virtuales a los museos que se nos anuncian estos días nos acerquen a ellos cuando podamos salir de casa. Que muchos ciudadanos disfruten del incomparable placer de leer un buen libro por primera vez. Siempre envidio a quien lee por primera vez La dama de blanco, de Wilkie Collins; La isla del tesoro, de Stevenson; Tom Sawyer de Mark Twain; Jane Eyre de Charlotte Brönte o El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell por mencionar solo de unos pocos. Quien descubre el placer de la lectura no lo abandona. Cada libro es una aventura que no sabemos a dónde nos va a llevar y que nos da mucho más de lo que cuesta. Es otro ejercicio de confianza.

Esta crisis nos está acercando. Nos está acercando a los vecinos, algunos completamente desconocidos, pero a los que sonreímos, de reojo, cuando nos unimos diariamente en el aplauso a quienes nos están cuidando y abasteciendo en estos días. Nos está acercando a nuestros familiares, a los que llamamos más a menudo. Tenemos noticias de amigos a los que hace tiempo que no vemos y que nos preguntan ansiosos: ¿Estáis todos bien? Y estamos viendo el lado bueno de las RR SS. Yo tengo una madre moderna. A sus 83 años tiene Instagram, pero esta semana ha aprendido a usar FaceTime. Hemos hecho lo que nunca, vernos todos las caras por teléfono, porque hemos tenido el tiempo y la oportunidad.

Lecciones que aprender

La cuarentena va a ser dura. No sabemos lo que se va a prolongar y las consecuencias económicas y sociales que tendrá no parecen halagüeñas. Pero son los problemas los que nos hacen madurar. A esta generación criada entre algodones no le va a venir mal una dosis de realidad y un ejercicio de confianza. Según los psicólogos no hay otra forma de aprender y de crecer que enfrentarse a las dificultades. Y además está sacando lo mejor del ser humano: voluntariado ya sea de peluqueros, de dermatólogos, o de estudiantes convertidos en canguros; vecinos que a hacen la compra; empresas que ofrecen sus servicios, sus instalaciones, profesionales que ofrecen su saber en las más diversas disciplinas….

El otro día, oía a una vecina gritar ‘Vamos a dejar las casas como la patena’ Todos tenemos tareas que aplazamos y aplazamos indefinidamente: desde ordenar el trastero a organizar las últimas fotos que hicimos en papel. Desde hacer una receta que se nos ha resistido, a aprender a arreglarnos el pelo, ahora que las peluquerías están cerradas. Y cuando ‘pisemos las calles nuevamente, de lo que han sido nuestras ciudades vacías’, más sanos y más sabios, agradecidos, vamos a quemar el país, de punta a punta, gastando lo que hemos ahorrado en cañas con los amigos y en comidas con la familia. ¡Y cómo nos van a saber esas cañas en una terracita al sol…!

Winston Churchill perdió las elecciones de 1945, después de haber liderado al país durante la guerra. Se fue a casa, escribió sus memorias, ganó el Nobel de Literatura y regresó a Downing Street seis años más tarde. Su derrota electoral sí fue una bendición, aunque en su momento no lo viera. Hagamos entre todos, que esta crisis también lo sea. Es cuestión de resiliencia para aceptar el presente y construir el futuro. Con confianza.

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