Indiano. El solo nombre nos evoca historias de emigración. La España de mitades del siglo XIX era miserable: pobreza, atraso, falta de expectativas. Esla España en que nació Noriega Laso. Al otro lado del océano estaba América, abierta. Desde los Estados Unidos a la Argentina, América necesitaba brazos para prosperar. De nuevo la leyenda de El Dorado. La emigración española se lanzó a la nueva conquista de América. Asturianos, vascos, navarros, cántabros, gallegos, catalanes o canarios, castellanos y algunos andaluces. Se marcharon a América. Viajaron desde los puertos del norte, sobre todo. Fueron a México, a Venezuela, a Argentina o a los Estados Unidos. Algunos regresaron para quedarse, otros volvieron para demostrar su fortuna, cargados de oro. Sobre todo en Asturias. La tierra tira. Para demostrar sus raíces y el amor a su tierra levantaron escuelas, crearon algún centro de salud y pagaron la reparación del tejado de la iglesia parroquial. Algunos llegaron muy lejos. El que más, Iñigo Noriega Laso. En Ribadedeva se le recuerda. Quedan sus casas. Indianos. Inspiran incluso a un restaurante de Madrid que afirma que todos somos mestizos, y que la patria de verdad está en la cocina.

Indiano. El nombre evoca exotismo. Las casas de los indianos de Cantabria o de Asturias, las de Navarra tienen varias plantas, algunas se elevan en forma de torre, y las rodea un jardín en el que suele haber palmeras. Son casas como trasplantadas, casas más para exhibir que para vivir. En Ribadedeba nacieron algunos de los indianos más famosos, y entre ellos el que llegó más lejos en sus ambiciones: Iñigo Noriega Laso. Nació en Colombres y emigró a México en 1868. Se llevó a dos hermanos. Tenía tan solo 14 años cuando embarcó. Murió hace algo más de cien años, el 4 de deiciembre de 1920, en Ciudad de México. Su vida es una montaña rusa de ambiciones y éxitos, y un ciclón de adversidades.

Restaurante Indiano

Noriega Laso llegó a ser el mayor propietario de tierras en el norte de México, y trabó una estrecha amistad con Porfirio Díaz, que fue presidente de México. Tanto que tras ser derrocado por la revolución, Noriega le ofreció su residencia en España, la casa denominada La Quinta. Díaz prefirió París, donde podía disfrutar de un exilio cómodo y cosmopolita después de haber sido presidente de México durante treinta años. La amistad entre Noriega y Porfirio le dio al asturiano algunas ventajas como empresario. El gobierno del militar permitió a Noriega desecar el lago Chalco para sembrar maíz y alfalfa. Fue una de sus muchas empresas. Noriega consiguió amasar una considerable fortuna fruto de sus iniciativas en sectores como el agrícola, el textil o la minería. En lo personal fue también un hombre fértil y dado a la multiplicación: fue padre de once hijos legítimos. Se le atribuyen algunos más.

El fin del porfiriato

Pero la fortuna giró con la revolución. El que fuese el gran terrateniente del norte de México perdió su riqueza con la revolución de Emiliano Zapata. El genio y el carácter los llevaba puestos. Se marchó a vivir al otro lado de la frontera, en Estados Unidos. Se convirtió pronto en el sheriff de Cameron County, en Texas.

No se olvidó de sus orígenes. Entre sus aportaciones al que fuera su puedo, está la Escuela de Comercio de Colombres, fundada en los primeros años del siglo XX. En su villa natal se erige también su mayor legado: la Quinta Guadalupe, que alberga la sede del propio Archivo de Indianos tras haber servido a diferentes usos, como el de sanatorio mental antes de la Guerra Civil. Noriega la pensó como un lugar de retiro y descanso de su ajetreada vida, pero el destino juega con nuestros planes con extrema picardía.

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