Perdido en la noche expresionista. Armando Seijo. Retrospectiva. Sala Prado 19. Madrid. A partir del 2 de octubre.

Vuelve Seijo, y vuelve a Madrid. Seijo es un pintor intenso y complejo, a pesar de que su pintura tiene una apariencia sencilla que atrapa, por la fuerza de sus personajes, por el color vibrante, lisérgico, que utiliza en sus cuadros. A Seijo le han reconocido más y mejor fuera de España. Esto es algo frecuente. No supone ninguna medalla de calidad, pero tiene el rigor de la certeza. En la lista de sus exposiciones de los últimos años hay un triángulo cuyos vértices se repiten: Londres, Mallorca, Panamá.

Seijo reside en Londres, donde es probable que tenga más facilidades para encontrar a los sujetos de sus pinturas, esos cuadros que parecen arrebatos, fogonazos, instantes de una tupida densidad. Su realismo es franco, directo, de una humanidad desinhibida. Trabaja la noche y el día, como en un ejercicio de esquizofrenia al que aplica una técnica expresionista.

La bohemia londinese

Instalado en Londres desde hace más de dos décadas, llega ahora a Madrid con una exposición retrospectiva en la sala Prado 19, en la que Daniel Sánchez hace las funciones de comisario. Sánchez describe así la muestra que se abre el 2 de octubre en Madrid: «en la trayectoría de Armando puede apreciarse una gran diversidad temática y estilística, motivada por una constante inquietud creativa, pero he decidido profundizar en tres líneas de trabajo. Centrada en su faceta como retratista, la Sala 1 muestra una serie de retratos realistas, meticulosos y formales. Los de la Sala 2 son más atrevidos, sensuales y cercanos al expresionismo. La Sala 3 muestra el reflejo en su obra de su vida nocturna y de la bohemia de Londres, con óleos pintados en vivo de la serie Jamboree Nights«. El objetivo es mostrar la evolución y el paralelismo de estilos en su pintura como mero pretexto para compartir y rescatar unas magníficas obras del polvo y la oscuridad.

The wooden bath
The wooden bath

De sus años de formación, podemos decir que Armando estudió Bellas Artes en Sevilla, en Santa Isabel de Hungría y pronto se mudó a la capital británica para continuar su formación en la Chelsea College of Art y en Central Saint Martins. El Este de Londres, en pleno proceso de crecimiento y ebullición es un hervidero creativo y es allí donde se encuentra a sí mismo en el estrambótico Cable Street Studios, un edificio con más de cien estudios de músicos y artistas y antigua fábrica de caramelos . Una comunidad bohemía, cuya influencia será determinante en su vida y en su obra. Seijo sigue siendo inquilino de Cable Street Studios, y es el que lleva más tiempo, una especie de decano de la bohemia.

Música, alcohol, sexo


Armando Seijo es un pintor que no distingue entre ocio y trabajo, disfruta natural y despreocupadamente del proceso de creación. En una primera etapa desarrolla su faceta como retratista: óleos realistas, de gran formato y aire académico, con una mirada moderna y particular que denota una relación cercana con sus modelos. Paulatinamente sus cuadros empiezan a manifestar una mayor libertad creativa, tornando a menudo al expresionismo pictórico, plasmando su personalidad desinhibida, y dando cabida a escenas de mayor complejidad como crónica de su trepidante vida nocturna.

Las Robertas
Las Robertas

La música, el alcohol, el sexo, las teorías conspirativas, la efervescencia cultural, la tecnología, los recuerdos de su infancia pero sobre todo las relaciones sociales en sus diferentes niveles, inundan su imaginario y su obra. En su serie pictórica más representativa, Jamboree Nights (2005-2015) retrata el ambiente musical londinense con la absoluta complicidad de sentirse un músico más de la escena. En sus diferentes temáticas alterna estilos y paletas de color, sus pinceles se adaptan convenientemente a las circunstancias, al estado físico/anímico, y al contexto social.

Un cuadro grapado en la pared


El comisario de la exposición describe así a Seijo: «le conocí en una exposición colectiva en la que coincidimos hace varios años. Trajo desde Londres enrrollado, un retrato a tamaño real de una joven japonesa, en una sábana roja con estampado, remiendos, y con la pintura todavía fresca, y apenas unas horas despues de graparla en la pared se había vendido. Me explicó que las exposiciones representaban para él una motivación vital y que siempre que tenía una fecha en el horizonte, se volcaba en el proyecto desde cero, en vez de mirar atrás a sus obras recientes»


2 Comentarios

Dejar respuesta

¡Deja un comentario!
Nombre