El banquete

De Julio Ramón Ribeyro hemos hablado en Fanfan. Berta Ramos Guerra escribió un artículo en el que saludaba el regreso de un clásico. Un clásico que se desarrolló sobre todo en el cuento como género principal y en las memorias. La tentación del fracaso es un dietario monumental, uno de las cumbres de esa literatura que anota la vida íntima de los escritores. «Soy peruano, del Perú. Perdonen la tristeza». Así se presentaba un escritor que vivió su vida adulta en Francia, fiel a sus dos pasiones: el tabaco y el Burdeos. Hace unos meses la revista Quimera le dedicó un monográfico.

La historia que cuenta El Banquete es sencilla, ambientada en la alta sociedad de Lima. Fernando Pasamano es su figura central. Se trata de un viejo terrateniente venido a menos, pero que aspira a regresar a la cumbre, a la élite. Fernando sueña sin descanso con recuperar su poder, con volver a tener influencia social. Para lograrlo, organiza un banquete con sus últimos recursos. Tira la casa por la ventana, ordena reformas que le den brillo, construye un jardín.

Un relato peruano

Todo está orientado al propósito de invitar al presidente de la nación, que después de hacerse de rogar, acepta. La fortuna sonríe de nuevo a Pasamano (¡qué nombre genial!), el viento sopla a su favor. Pero cuando cree haber alcanzado la perdida gloria, un giro de la fortuna, probable pero inesperado, derrumbará su sueño como un castillo de naipes tumbado de un soplo.

Así es el mundo de Julio Ramón Ribeyro, un mundo de fracasados, de vanas esperanzas derrotadas por golpes del destino. Así era él también, un escritor que vivió en los márgenes del boom en el que triunfaron con oropeles Vargas Llosa y García Márquez, un escritor que se sentía incapaz de abordar grandes relatos, novelas torrenciales, pero que en el género del cuento era un maestro.

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