El combate interminable. Juan José Flores. Editorial Navona

El combate interminable es una novela crepuscular, es también una historia de aprendizaje, un relato en el que van paralelas, hasta encontrarse, las historias de Germán Valdés, un chófer que fue boxeador, y el pequeño Samuel, que vive en Ibiza con su madre, viuda, que intenta recomponer su vida junto a Jack, un traficante de obras de arte. El pretexto de la historia es ambicioso: la presencia de Borges en la Barcelona de 1980, cuando Germán Valdés hizo de conductor en la visita privada del escritor argentino, el año que recogió el premio Cervantes. Hay muchas vidas que se cruzan en este relato magistral. Una de las más atractivas y misteriosas es la de Josep Gironés, el boxeador que dejó los guantes después de un K.O. que le tumbó en un combate contra Freddie Miller en 1935.

el combate interminable

En El combate interminable Borges es una bisagra, un gozne sobre el que construye el relato, armado de recuerdos. Es también la constatación de que cualquier vida, todas las vidas, son un combate, primero contra uno mismo, luego contra cada circunstancia particular. El resultado es siempre una derrota. Y esa caída es la clave.

Como le cuenta Germán Valdés a Borges en uno de los paseos en coche por Barcelona, «la cosa no es saber perder sino saber caer. La derrota, como la victoria, depende de reglas, de normas, pero también de la suerte. Se puede ganar o perder a los puntos o por un golpe afortunado. Sin embargo, lo que pase con una caída es un asunto íntimo, secreto, tuyo y de nadie más. Se puede acabar venciendo después de haber caído y perder sin haber tocado la lona más que con los pies».

Borges y el boxeo

Hemos dicho que se trata de una novela crepuscular porque Germán Valdés regresa a Barcelona en abril de 2012 con una vida que tiene más pasado que futuro. Empleado como chófer de un multimillonario en Paris, está convaleciente de una accidente. Regresa a la barbería de su amigo Arístides, testigo de aquel viaje de Borges. Germán llega con una cinta de casete en la que Borges grabó las conversaciones con el conductor mientras daban vueltas por Barcelona. Al pasar junto a la Monumental, Germán le habló a Borges de boxeo, de Josep Gironés, del combate en el que terminó su carrera, de su exilio en México, de cómo el franquismo le fabricó una calumnia para enterrar su leyenda en la ignominia.

Es verdad que a Borges el boxeo no le gustaba, le parecía un juego insensato, impropio de intelectuales. Aunque todos sus desprecios se los llevaba el fútbol. Algún comentarista ha escrito que le parce forzado poner al autor de El Aleph entre gentes de guantes y linimentos. A este lector no se lo parece. A Borges no le gustaba el deporte como espectáculo, no le interesaba el fútbol, el tenis o el boxeo por las pasiones que levantaban, pero sin duda le atraía la experiencia humana del combate, del honor, del dolor, de la derrota, del fracaso, del sufrimiento, y los fantasmas que encierran la gloria o el temor a besar la lona.

Tampoco estoy de acuerdo con la idea de que la biografía de Josep Gironés no habría excitado la curiosidad del escritor. Borges era políticamente un reaccionario, pero primero era un gran escritor, y por tanto es imposible que fuera indiferente a la historia del Crack de Gracia, exiliado en México, escondido en la sombra mientras en Barcelona le inventan la historia de que ha sido un torturador en una de las checas de la ciudad. Fue la venganza del régimen por haber sido escolta de Companys. Falsedad (la de la checa) que se mantendría viva hasta que un periodista demostró que era una suplantación, que el torturador era otro, que Gironés solo había utilizado los puños en el ring.

Un combate permanente

Gironés es el boxeador que inspira a Germán Valdés, Valdés es el púgil que hace de segundo de Borges cuando tiene que librar un combate contra la muerte, Valdés es el que terminará por ser la inspiración de Samuel para sus combates contra la mala vida, contra los fantasmas de la traición. Todos los personajes son seres que van haciendo guantes y peleando contra las sombras del pasado, que se abren paso a guantazos con el presente, que ven la vida con un ojo abultado por la inflamación.

En El combate interminable hay mucho de aquella joya Del boxeo que escribió Joyce Carol Oates. Esa idea de que el boxeo es el deporte al que aspiran todos los demás deportes está aquí. El espíritu de ese totem protector e inspirador que puede ser el combate de los otros, también. Recuerdo aquel condenado a muerte que Oates cita en su libro. Antes de que la silla eléctrica le diera su KO definitivo, rezaba en voz alta a Joe Louis para que le salvara. El combate interminable es una gran novela, y no es solo una gran novela de boxeo. Escrita con eficacia, con una prosa clara que avanza con facilidad, redime a cualquier combatiente que se enfrente a la vida, sea cual sea su condición y su contrincante.

Dejar respuesta

¡Deja un comentario!
Nombre