Este 2020 se cumplen setenta años de la muerte de George Orwell. Y es como si el destino hubiera preparado un escenario orwelliano para conmemorar la cifra de las siete décadas. En la imaginación de Orwell no estuvo el confinamiento por una pandemia. Pero el Gran Hermano de su 1984 habría sabido aprovechar esta circunstancia con la misma eficacia que el equipo de propaganda de nuestro gobierno. Las herramientas están descritas en esa novela, que es hija del Nosotros de Evgueni Zamiatin: control del lenguaje, creación de una neolengua, vigilancia continua de las redes, y un órgano capaz de crear acontecimientos, de dominar la agenda política y de manosear la historia hasta hacerla cambiar de significado. El ministerio de la verdad. Orwell fue periodista, ensayista y novelista. Con el paso del tiempo algunos han intentado convertirlo en un santo. Pero él mismo dejó escrito que «todos los santos son culpables mientras no se demuestre lo contrario». No es extraña esa idea. Orwell vivió una época en la que se canonizó a unos cuantos criminales.

Letras y cómics sobre Orwell

Orwell aparece de nuevo para dar luz a estos tiempos de postverdad. Letras libres le ha dedicado su número especial de verano. Nueva revista lo lleva en la portada de su número titulado El poder y la palabra, en el que aparece una reseña sobre el Klemperer de La lengua del Tercer Reich. La lengua era el otro ejército de Hitler. Y Pierre Chistin y Sébastien Verdier le dedican un cómic titulado Orwell sobre su vida azarosa.

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Orwell, de Chirstian y Verdier

La trayectoria y la peripecia de Orwell son una continua aventura. Sus citas están en la boca de muchos de diversas tendencias. Porque en Orwell hay acentos socialistas, liberales, anarquistas y conservadores. Como dice Daniel Gascón en Letras Libres: «Es muy difícil meter a Orwell en una caja y decir que es una sola cosa». Por ser, era incluso un estimable cocinero. En casa, en las tardes de invierno, se prepara un plum cake clásico que sigue una receta tomada de uno de sus libros.

Totalitarismo y guerra civil

Detectó con una gran perspicacia los mecanismos del poder y de la propaganda, o los errores de los intelectuales. En este FANFAN le hemos citado al hablar de Gareth Jones, el único periodista que documentó la hambruna con la Stalin mató a más de tres millones y medio de ucranianos. Orwell fue uno de los pocos que creyó su testimonio.

Es posible que de no ser por el testimonio de Orwell, hoy no sabríamos nada, insisto, nada, de la represión que los comunistas desplegaron en la Barcelona de la guerra civil

En su obra se identifican tres grandes enemigos: el colonialismo, el fascismo, y el comunismo. Orwell probó el totalitarismo sectario y criminal de obediencia soviética en la guerra civil española. Vino a Cataluña a combatir por la república y salió corriendo al contemplar el baño de sangre y las guerras de facciones en Barcelona. De su experiencia en la guerra civil española nace precisamente su preocupación por la verdad objetiva. De vivir hoy, podría comprobar cómo ese tic de la izquierda sigue más vivo que nunca. Es posible que de no ser por el testimonio de Orwell, hoy no sabríamos nada, insisto, nada, de la represión que los comunistas desplegaron en la Barcelona de la guerra.

El poder de las palabras

El poder y la palabra
El poder y la palabra

Orwell es un autor perspicaz. A su prosa le falta desligarse de la política para llegar a la categoría de arte. El mismo reconocía que cuando le faltaba esa motivación política su escritura perdía vigor, se convertía en un animal hipotenso. Cyril Connolly convirtió esa debilidad en una broma cruel: «Orwell no era capaz de sonarse la nariz sin lamentar las condiciones de trabajo en la industria del pañuelo».

Pero a la hora de analizar los mecanismos del poder recuperaba las virtudes del zorro. Klemperer le cita en un párrafo que tiene una actualidad inmediata: «Ya anunció Orwell que el lenguaje que evoca imágenes muy crudas no es el adecuado para dirigirse a una población integrada por súbditos. Se trata, por el contrario, de narrar los hechos de manera indirecta, para que el público no los visualice en su mente ni, en consecuencia, los registre en su memoria». En ese tiempo seguimos. Cierro con otra cita: «cuando se abre una brecha entre los objetivos que uno tiene y los que proclama, uno acude a las palabras largas y a las expresiones más fatigadas». Es por esa razón por la que Jiménez Lozano insistía siempre en utilizar palabras nuevas.

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