Vasili Grossman y el siglo soviético. Alexandra Popoff. Editorial Crítica. 510 páginas.

Alexandra Popoff ha escrito una biografía literaria de Grossman, entretejida con la Historia de Rusia. La autora pasa someramente por la vida personal del autor para centrarse en su obra, completamente condicionada por la realidad que vivió. El antisemitismo institucional en Rusia; la hambruna en Ucrania; las purgas, y sus desastrosas consecuencias. No solo humanas, sino culturales y militares o el genocidio en Armenia. Pero también la Segunda Guerra Mundial, con la Batalla de Stalingrado y el Holocausto. Grossman, ‘que se entusiasmó como muchos otros con la construcción del socialismo, pronto se dio cuenta de la divergencia entre las promesas del poder y la realidad de la vida cotidiana de los trabajadores’. Acabó sus días empobrecido y solo por escribir lo que hoy parece innegable: nazismo y stalinismo son dos caras de la misma moneda.

Escribir a la mayor gloria de la Unión Soviética

La obra de Alexandra Popoff recoge infinidad de testimonios, cartas, escritos de Grossman y anécdotas sobre su vida: la entrañable relación con sus padres, separados desde que él era niño; su trabajo como inspector de minas y como corresponsal de guerra; su gusto por las mujeres casadas… Pero también es un retrato de la vida y sobre todo de la experiencia de ser escritor en la Unión soviética, como lo fueron también Bábel, Pasternack o Solzhenitsyn.  En una época en la que “era imposible publicar nada sin mandato del partido […] los autores estaban a merced de los editores estatales y de funcionarios del partido. […] en el departamento censor se acuñó el término realismo socialista para describir el único estilo de arte y literatura que gozaría de la aprobación oficial: aquel cuyo único objetivo  fuera embellecer la vida soviética”.  Los escritores que anunciaban el mensaje del partido, afirma Popoff, “disfrutaban de un prestigio y una prosperidad que un ingeniero soviético no podía siquiera soñar”.

La vida de Grossman fue, como la de muchos otros de sus colegas, una batalla para publicar, para conservar sus obras íntegras frente a la censura y para dar a conocer la verdad de lo que veía. Su suerte fue que no acabó deportado en el Gulag o directamente fusilado. Su tragedia, la de la miseria cotidiana de tantos de sus compatriotas, desposeídos, espiados, amenazados, minados por la falta de porvenir.

Vasili Grossman
Vasili Grossman

Vida y destino: la obra de una vida

Su extraordinario trabajo como corresponsal de guerra, en especial en la batalla de Stalingrado y en el descubrimiento de Treblinka le hicieron conocido por el público ruso. Cuando pasó de periodista a escritor, su amistad con Gorki engrasó sus relaciones siempre tensas con el mundo editorial. Y así consiguió publicar, Glückauf, Stépan Kolchuguin, Que el bien os acompañe. Pero la obra de su vida, Vida y destino a la que dedicó 16 años, fue considerada “una sucia calumnia contra la sociedad y el Estado soviético.

El trío de ‘aguerridos‘ escritores que examinó la obra, sentenció que si “ en algún momento cabe la posibilidad de que vea la luz, no será antes de, pongamos 250 años”.Sin el  valor de sus amigos” afirma Popoff, que custodiaron dos ejemplares, uno con anotaciones para la edición y otro mecanografiado y que lo hurtaron a los periódicos registros, “esta obra maestra se habría perdido”. Según el escritor Voinóvoch, a Grossman la muerte “le hizo sufrir espiritualmente, no solo físicamente porque no puede haber nada más terrible para un escritor genuino que morir sin ver publicada su obra principal; más aún, sin saber si podrá llegar alguna vez a los lectores”. Popoff deja entrever, que este hecho provocó la prematura muerte de Grossman, de cáncer, a los 58 años. Tras unas interminables peripecias, Vida y destino se publicó en Francia en 1983. Hasta 1989, no pudieron los rusos leer la primera parte, Todo fluye. Para entonces, criticar a Stalin había perdido interés.

Stalin rehabilitado

El libro de Alexandra Popoff cuenta paralelamente la historia de la Unión Soviética, desde Lenin a nuestros días. Habla del antisemitismo de Stalin, de la política agraria que desposeyó a los kulaks; los inhumanos viajes hasta Siberia, que se alargaban un mes a temperaturas de 40 grados bajo cero y de la vida en el Gulag y las detenciones en la Cheká y en la Lubianka, en las que los propios detenidos tenían que formular su acusación. De un estado inhumano hasta el delirio, que no solo no ha sido juzgado, sino que está siendo rehabilitado en la Rusia actual. 

Como predijo Grossman, “el nombre de Stalin ha quedado asociado a la victoria en la Segunda Guerra Mundial y [..] ayudará a borrar el pasado junto con el recuerdo de lo millones  de personas que perdieron la vida durante la colectivización, la hambruna y las purgas”. Según la autora, Putin ha utilizado este mito de la victoria bélica de Stalin para fortalecer su propio poder político.

La gloria que rehabilita a Stalin

Vasili Grossman sigue siendo impopular en Rusia, escribe Popoff, porque “es más fácil creer en un pasado glorioso que admitir que el estalinismo y el nazismo fueron un espejo el uno del otro”. Por eso es tan importante que el resto del mundo conozca su obra. La nostalgia del Imperio es más fuerte que la verdad. Los deseos de fuerza y potencia nacional, dejan a un lado la libertad individual y la dignidad de la persona.

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